El ocultista de Jilemnice
Al fin, después del plantón
Llegó a Jilemnice la secreta dama
Preguntando con diplomacias
Que paso con el ocultista que la esperaba.
El ambulante tabernero
Que desvelado caminaba le supo dar saber.
Una noche mi señora
De las más abundantes en Jilemnice
Murió el más delicado señor.
Cayó el brujo, entre las simpatías
Sin más pistas
Que el alcohol
Al juicio de su alma en la plaza
Llegó un benemérito ángel
Y un diablo abogado
O dos.
En peculiar pleito
Y ante el asombroso de los chismosos
Reclamó el enviado de Dios...
El alma del brujo nos pertenece
Pues sin importar su renuncia al credo
O a la patria cuando era pequeño....
El ocultista trajo ficciones
Alentando a un lacrimoso
O dos
Danzando entre las viudas
Abrigando con su nerviosa carcajada
Las pacificas calles de Jilemnice.
Los niños dormían suponiendo
Al triste hechicero
Viajando en su negro cóndor por entre sus techos
Ese cóndor estimado jurado
Que fue el único bien amigo
Que escondió el dolor
Y es por ese dolor callado
Que Dios le ofrece el perdón.
Dijo el diablo
Estimados señores del jurado
Que como amigo gozaron del noble ocultista
Es mi deber informarles
Que su alma es mía.
Pues....
Lleno vuestras noches de vicio
Y campeo una imagen de duelo
O dos
Con deleite se entrego a las perversiones
Y robo de sus casas a los hijos adolescentes
Practico el afán por la guerra
Y rompió toda ley y buen gusto.
Además el ocultista aquí estático
Firmo con prisa el pacto
Que a letra dice bien claro
Que nos entrega el alma quemada
A cambio de solo instantes con la secreta amada.
Por todo esto que eh dicho
Exijo un anatema
O dos
Pues aunque amado fue por vosotros
No pudiendo pudo olvidar nunca
El amor por la secreta dama.
Hablo entonces el espíritu
Agradecido con mis pocas gracias
La preocupación les agradezco
Veo que traje hermosura
A los justos y a los adeptos
A los plutónicos y a los infiernos.
Ahora con toda humildad
Escuchen mi último ruego
O dos
No me estiren ni al Edén
Ni a los fuegos del infierno
Pues si en mi corta vida
No pude cargar con mis penas
Es feroz enviarme a la eternidad
Para que siga sufriendo con estas.
Sepan que la causa de mi desastre
No son los recuerdos de ella
Al contrario es el olvido
Que inmisericorde crecía
Cuando mi cuerpo aun se movía.
Pues primero olvide su fragancia
Y luego olvide sus ecos
Las cartas quedaron sin letras
Más tarde se quedo sin rostro
Y luego ni siquiera con nombre.
Que atroz pensar que un día
Se cruzaran en las calles sin reconocerse
El uno no estará, ni llorará en el entierro del otro
Sollocé
Porque quemó la casa
Que pudo ser nuestro hogar
Y este vuestro hospedaje
Porque aniquilo a las gentes
Que pudieron ser nuestros hijos
Y ellos vuestros amigos
Porque asfixió para siempre
Las posibilidades de nuestras coincidencias
Que pudieron ser vuestras fiestas
Porque hecho abajo las conversaciones
Que pudieron haber sido de palabras
O de miradas
Burló con las artes más tristes
El destino que me trazaron los planetas.
Escucharon las causas
Del ocultista de Jilemnice
Y revelando el aprecio de ambos bandos
Ángeles y demonios
Dieron sentencia a tal juicio sin par
Optaron por la clemencia
Y dándole muerte
Lo murieron de muerte total.


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